El fuego de la comunidad: el "objeto especial"

 Hoy vivimos lo que los antropólogos clásicos llamarían "un rito de iniciación" (Gennep, 1960). En nuestro caso, el paso de ser una "clase" a sentirnos parte de una comunidad. Es un proceso largo, complejo, un camino pedregoso, casi nunca una autopista. Pero ese camino tiene, según aprendí de un grupo de activistas culturales brasileños, un inicio: encender el fuego de la comunidad. 

Lo hemos hecho con la dinámica que debo a Pilar Almansa, amiga de los tiempos de la universidad, y actualmente, profesora, productora y directora teatral: el "objeto especial":

Dinámica del objeto especial. Cada miembro de la comunidad elige un objeto especial en su vida y tiene que explicar por qué es especial en un minuto. Primero, lo hacemos en grupos pequeños (de 4 personas) y cada grupo elige a quien ha tenido más éxito al comunicar su objeto especial. Los elegidos salen al frente de la clase y nos hablan de su objeto. Entre todos, con la guía del profesor, vamos identificando habilidades pedagógicas, comunicativas, de cada uno/a. 

Pero la actividad no tiene como misión principal desarrollar habilidades pedagógicas o construir socialmente una conciencia crítica de nuestras capacidades didácticas. Su función más potente es, como dijo Elsa, "conectarnos" como personas, o como dijo Víctor, "hacer grupo". Crear comunidad, vaya. 

Y uff... vaya que lo hicimos. Fue especial. Siempre o casi siempre lo es. Es una dinámica poderosa, porque nos impulsa a abrirnos de una manera más íntima, a romper la frialdad emocional del aula, su habitual esclerosis interpersonal, para "encender el fuego" de la confianza, de la empatía entre nosotros/as. Dar a conocer nuestras emociones, nuestras personalidades, nuestros relatos. 

Y sirve, también, de termómetro o espejo colectivo para saber quiénes somos como grupo. Qué emociones palpitan detrás de nuestras máscaras sociales, de qué fragilidades estamos hechos, qué talentos tenemos. En suma:

La calma de Milene, la fuerza emocional de Clara, la inteligencia de Sofía, la simpatía de Edu, la claridad didáctica de Claudia, la serenidad de Dafna, la gestión antidramática de Raquel, el carisma de Alicia, la emocionante valentía de Alba, la agradable personalidad de Paula, la naturalidad de Lucía.... (¿me he dejado a alguien? Mil perdones, en ese caso!) 

Pero, más allá del talento de quienes pasaron al frente a compartir su objeto, el autor que dominó la escena fue la clase, el público, que lloró con Clara, que rió con Edu, que aplaudió con ganas verdaderas a quienes tuvieron las agallas de pasar. Se sintió su atención, su empatía, su abrazo. 

Este ha sido, pues, nuestro debut como comunidad de aprendizaje (Lave y Wenger, 1991). Pasaremos mucho juntos. Para empezar, pasaremos muchas horas.... en una asistencia plena, un total de 45 horas juntos, unos 23 encuentros (15 clases de teoría y 8 de práctica, de dos horas), a lo largo de 4 meses... desde este verano que empieza a extinguirse, a un otoño que atravesaremos para despedirnos, finalmente, en los cortos y fríos días de invierno. 

Pasaremos buenos ratos. También momentos de hastío o desencuentro. Eventualmente habrá conflictos, si nos convertimos en una verdadera comunidad, los habrá. Y, finalmente, viviremos una experiencia colectiva de aprendizaje en torno a aquello que nos reúne en esta asignatura: cómo ayudar a otros a aprender (didáctica), qué podemos aprender (currículum) y cómo podemos aprender a mejorar o transformar la educación (innovación). 

Gracias por esta clase experiencia de comunidad. 

El martes iniciamos el currículum del curso. Les pido ver, antes de la clase, dos videos de Ken Robinson:

"Las escuelas matan la creatividad":


"Cambiando paradigmas de la educación":

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